Torre Agbar Barcelona

La torre Agbar de Jean Nouvel, en Barcelona

A finales de 2004 concluían las obras del que estaba llamado a ser uno de los edificios más icónicos de Barcelona. Nacido en un contexto de bonanza, punto álgido de un mercado inmobiliario en constante estado de ebriedad especulativa, la Torre Agbar destaca en la configuración tan horizontal de la ciudad. La firmaba el arquitecto francés Jean Nouvel, en colaboración con el equipo barcelonés b720 de Fermín Vázquez.

La torre Agbar: un rascacielos mediterráneo para Barcelona


La Compañía de Aguas de Barcelona (Agbar) encargó el proyecto a Jean Nouvel después de recibir los primeros bocetos de la que debería ser su nueva sede corporativa. Las propuestas elaboradas por los arquitectos de la promotora Layetana tenían una concepción similar a las de las torres del Port Olímpic. Mostraban una correcta factura arquitectónica pero no respondían a las aspiraciones de Agbar, que ansiaba un edificio emblemático.
La idea de Nouvel para la Torre Agbar, queriendo contentar a sus clientes, como el gran vendedor de ilusiones que es, era la de una gran fuente congelada.

La superficie del edificio evoca el agua: es lisa y continua, pero también vibrante y transparente

Jean Nouvel sobre la Torre Agbar

La tipología estándar del rascacielos se intentó contextualizar con referencias locales, como las geometrías orgánicas de Antoni Gaudí o incluso el perfil rocoso de Montserrat. En su adaptación a la particularidad del emplazamiento, Nouvel se inspiró en el rascacielos que el propio Gaudí dibujó en 1908 para unos ricos hoteleros de Nueva York.

Detalle cúpula Torre Agbar
Detalle cúpula Torre Agbar


Lo cierto es que la torre obedece a la constante evolución y al torrente creativo del autor, que había realizado ya incursiones en el terreno de los edificios en altura, con la Tour sans fin, proyecto ganador en 1989 del concurso para levantar una torre en La Défense, cuya imagen pesada en la base iría gradualmente tornándose más etérea a medida que iba alcanzando el cielo. Algo de eso se encuentra en la Torre Agbar, donde encontramos una fachada pesada, de hormigón armado con perforaciones estratégicamente densificadas según la orientación del edificio, para graduar la captación solar. A partir de la planta 25, la fachada es acristalada. El edificio culmina en una cúpula totalmente de vidrio a modo de espuma de esa fuente o géiser del que hablábamos.
El concepto de edificio en altura acristalado se ajusta aquí al clima mediterráneo, con mayor incidencia de asoleo, y es donde surge la necesidad de la fachada de hormigón, que le proporciona una gran inercia térmica. Este tipo de edificios acristalados fueron diseñados originalmente para latitudes de zonas situadas más hacia el norte, donde la radiación solar es más baja, por lo que la fachada de hormigón ejercía una doble función estructural y de contención de la excesiva radiación solar.


¿Qué dijo la crítica especializada de la Torre Agbar?

Desde su construcción, el edificio ha suscitado mucha polémica, al considerar numerosos críticos y arquitectos que no se integra en su entorno, pues su diseño sólo se refiere al objeto en sí mismo. Ciertamente, el edificio puede pecar de cierta arrogancia y falta de integración, pero precisamente fuera eso lo que se buscaba al ubicarlo en un entorno semejante al de la Plaza de les Glòries, resultado de la coexistencia de una autovía con restos de industria en un área por reurbanizar, debido al proceso de transformación aún en curso, con las interminables obras de derribo del antiguo escalextric y el soterramiento de la vía.

Planta 15 Torre Agbar
Planta 15 Torre Agbar

La Torre Agbar se convirtió rápidamente en uno de los más claros ejemplos en Barcelona de lo que podemos considerar un edificio autista. Es decir, lo contrario de un edificio que crea ciudad, que genera relaciones con su entorno, renovándolo y contribuyendo al desarrollo sostenible del mismo.
Josep Maria Montaner, arquitecto y regidor de Vivienda del Ayuntamiento de Barcelona, ponía el acento en este artículo de 2005 en la deficiente y abrupta entrega de la Torre con el tejido urbano de la ciudad.


El insigne arquitecto y urbanista Manuel de Solà-Morales juzgó que el edificio representaba una arquitectura insolidaria con su entorno, aislada e incluso insolente. 
Más adelante, y a raíz de nuevas polémicas relacionadas con la actual situación del edificio, Lluis Comerón, decano de los arquitectos de Barcelona, subrayaba en este artículo publicado en el País en 2017 que la torre «fue producto y símbolo de un determinado momento de euforia económica y burbuja inmobiliaria, cuando era frecuente que las empresas quisieran tener edificios icónicos«. «Esta iconicidad era un factor prioritario y probablemente es lo que ha puesto en cuestión a la torre: dar mucha importancia a la imagen, porque en Barcelona es el conjunto lo que construye la ciudad, lo cual aporta calidad«. Comerón concluye: «en términos arquitectónicos estaba bien, es una pieza interesante«, pero «no se resolvió bien su integración en la ciudad«.

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Pero sobretodo… ¿qué dice la crítica no tan especializada?

El edificio, visible desde cualquier punto de la geografía urbana, se convirtió también en un lugar de peregrinación para los turistas que visitaban la ciudad. Los barceloneses, por otra parte, le dedicaron enseguida todo tipo de adjetivos, no precisamente cariñosos. Su forma fálica le hizo acreedor de calificativos como pepino, consolador, supositorio, obús…

¿Cuál será el futuro de la torre?

La disposición de las casi 4.500 ventanas que perforan la fachada, que deja entrar en ocasiones demasiada luz al interior. La situación del núcleo central de comunicaciones, fragmentando el espacio diáfano e impidiendo la comunicación visual entre diferentes zonas de la planta. Los comentarios de los que trabajaron en algunos de los espacios de oficinas de la torre, quienes explicaban que «es un edificio guay, pero poco práctico«. La fuerte imagen de marca, que disuadía a otras empresas…Todo ello contribuyó en mayor o menor medida al escaso éxito que tuvo la Torre a la hora de alquilar los espacios de oficinas, por lo que hacia 2017 hubo contactos con Emin Capital y Westmont Hospitality Group para convertir la torre en un hotel de lujo.
El Proyecto no contó con el beneplácito de las autoridades. El Ayuntamiento de Barcelona no lo puso nada fácil a los promotores a la hora de tramitar la licencia de cambio de uso del edificio, por lo que finalmente, se abandonó la idea y el edificio pasó a manos de la Inmobiliaria Merlin, una de las principales compañías inmobiliarias cotizadas en el IBEX-35.

Detalle fachada Torre Agbar
Detalle fachada Torre Agbar


Merlin invirtió 15 millones de euros en reformar la torre, que pasó a llamarse Torre Glòries, y puso en alquiler cerca de 9000 metros cuadrados destinados a oficinas. Actualmente, la torre cuenta entre sus inquilinos con empresas como Facebook.


Los números de la Torre Agbar


El edificio, con una superficie total de 47500 metros cuadrados, cuenta con un auditorio con 350 butacas. La planta tipo de oficinas tiene 1000 metros cuadrados de superficie construida en forma elíptica. Cuenta con un núcleo de seis ascensores que llegan a la planta 24. A éstos se suman dos ascensores y dos montacargas más que llegan hasta la última planta. La evacuación se produce a través de dos escaleras de emergencia.

Planta 25 torre Agbar
Planta 25 torre Agbar

El presupuesto de construcción ascendió a 130 millones de euros y consta de 144 metros de altura total, que lo sitúan como el tercero más alto de la ciudad. Por detrás, precisamente, de las dos torres del Port Olímpic, construidas para las olimpíadas de 1992, con 154 metros de altura.

El edificio consta de treinta y cuatro plantas en total, treinta y una plantas de oficinas, tres plantas técnicas sobre rasante y cuatro plantas bajo rasante.

De la 1 a la 24 se ubican las plantas de oficinas, excepto la 14, que alberga las salas polivalentes, y la 15, donde está la cafetería. De la planta 25 a la 31 se sitúan las dependencias de Dirección. Las plantas técnicas A, B y C, que albergan instalaciones, se sitúan sobre las plantas 6, 15 y 24, que tienen un módulo más de fachada. A partir dela planta 18, el edificio empieza a perder sección.

El auditorio se sitúa en la planta semisótano. En las plantas sótano -2 y -3 está el aparcamiento y en la planta -4 hay almacén y dependencias varias.

Auditorio Torre Agbar
Auditorio Torre Agbar


El interiorismo del edificio


Cuando fue promovida en régimen de alquiler, la torre se construyó con los acabados interiores mínimos típicos de un edificio de oficinas. Aparte de los espacios comunes, que sí estaban totalmente acabados, las zonas destinadas a oficina privada se entregaban sin compartimentaciones interiores y con acabados básicos.

La compañía de aguas de Barcelona debía desarrollar su propio proyecto de interiorismo para los espacios operativos, puesto que los representativos los debía desarrollar el propio equipo de Jean Nouvel. Es en este momento cuando entra en juego el despacho GV Arquitectura, integrado por el arquitecto Gerardo García Ventosa, quien ya venía colaborando con Agbar desde los años noventa. El encargo tenía el requerimiento de respetar la arquitectura de Nouvel, sin entrar en conflicto con las premisas del arquitecto francés. Por este motivo, se impuso la necesidad de una estrecha colaboración entre ambos equipos.

Fachada interior vestíbulo Torre Agbar
Fachada interior vestíbulo Torre Agbar

Se planteaba el siguiente reto: ¿cómo desarrollar un estilo propio, potenciando los valores de la arquitectura del contenedor, pero sin renunciar a aportar un discurso propio que estuviera en sintonía con el edificio diseñado por el equipo de Nouvel?

Torre Agbar Imagen Nocturna
Torre Agbar Imagen Nocturna

El resultado se puede apreciar en elementos como los trasdosados interiores, uno de los puntos fuertes del trabajo que desarrolló el quipo de GV Arquitectura. Se aplicó una solución consistente en la implantación de los elementos de almacenaje y archivo en el trasdosado de las paredes de carga del núcleo de escalera y ascensor del edificio, pero también del muro de hormigón de la fachada. El resultado, basado en la idea de «cubos apilados«, son un conjunto de armarios adosados a la fachada que realmente conforman una fachada interior que aporta riqueza y complejidad al interiorismo. Otro capítulo interesante es el uso de los vinilos, a modo de filtro visual que dotaran a las separaciones entre espacios de transparencia y translucidez. Se concibió como un proceso evolutivo del pixelado del alzado de la fachada en tonos grises, a modo de trencadís gaudiniano.
El equipo de GV hizo un excelente trabajo en otros aspectos del diseño como son la elección de las moquetas o el desarrollo de mobiliario en colaboración con algunas de las mejores empresas especialistas del sector.

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Capítulo aparte merecería el proyecto de iluminación exterior, obra del artista francés Yann Kersalé, colaborador habitual de Jean Nouvel. Durante dos meses, en otoño de 2004, se realizaron pruebas y se llegó a la conclusión que la mejor iluminación del edificio era la que reproduciría el colorido de la misma durante el día.


¿Quién es Jean Nouvel?


Probablemente estemos ante una de las figuras más extraordinarias de la arquitectura de finales del siglo XX. Adquirió un repentino reconocimiento internacional a partir de los años 80 con la construcción de su aclamado Institut du Monde Arabe de Paris.

Institut du Monde Arabe de Jean Nouvel
Institut du Monde Arabe de Jean Nouvel

Nacido en 1945, inicialmente quiso ser pintor, pero el sentido común le hizo inclinarse por la arquitectura siendo aún muy joven. Fuertemente implicado socialmente, asumió desde sus inicios el papel de «actor cultural«, fundando Mars 76, un movimiento que tomó partido en todo lo que respecta a la arquitectura. Publicaron manifiestos, bajaron a la calle en cuantas ocasiones fue preciso, lucharon contra el corporativismo estrecho de la profesión… A partir de los años 80, Nouvel comenzó a clarificar las posiciones que compartía con otros profesionales airados de su generación, declarando una guerra abierta a la autonomía de la arquitectura. Desarrolló la definición según la cual «la arquitectura es la introducción de valores de cultura y de civilización en lo construido«.

Jean Nouvel
Retrato de Jean Nouvel

Algunos de sus proyectos iniciales más emblemáticos se producen en el ámbito de la vivienda experimental, con Saint-Ouen, de 1983 y Nemausus, en Nimes, de 1985.

Nemausus de Jean Nouvel
Nemausus de Jean Nouvel

También trabajó en esa primera etapa en la rehabilitación de edificios para la representación teatral, como en Belfort (1980-1983), cuya experiencia sin duda le sirvió para culminar, ya en los años dos mil, en el Guthrie Theater de Minneápolis, Minnesota, Estados Unidos.

Pero es el en ámbito del edificio representativo donde Nouvel desarrolla su potencial y se labra una reputación, que lo lanza ya en los ochenta a la órbita de los arquitectos estrella. El ya citado Institut du Monde Arabe, de 1981-1987, el Palacio de Congresos de Tours, de 1989-1993, la Fundación Cartier de Arte Contemporáneo, en Paris, de 1991-1994, donde abunda en la estética de la ausencia, de inspiración Miesiana.
Su interminable currículum de obras y premios, con el Pritzker en 2008, le convierten en uno de los mayores exponentes de lo que conocemos como arquitecto estrella, quienes las grandes corporaciones y consistorios municipales se disputan siempre que se quiere dar un golpe de efecto y construir un edificio que sea a la vez icono y reclamo publicitario.


Volviendo a la Torre Agbar


La irrupción en el panorama arquitectónico de los primeros años dos mil la situó como un icono solitario que cristalizaba de los excesos de una industria especulativa como es la industria del «tocho». Es cierto que poco a poco, fue perdiendo esta cualidad de edificio aislado y proliferaron nuevos edificios icónicos que daban cuerpo al ámbito territorial del distrito conocido como 22@, con las torres de Carlos Ferrater o David Chipperfield en la nueva Avenida Diagonal, pero también el Hotel Silken de Juli Capella, los Encantes de Fermí Vázquez, o el Dhub de MBM.

Cúpula Torre Agbar
Cúpula Torre Agbar

Sea contemplándola como aeronave, como géiser o como símbolo fálico, es innegable que la Torre Agbar, o torre de les Glòries, es ya un punto de referencia del horizonte urbano de Barcelona y un indiscutible símbolo de su tiempo. 

Fuentes bibliográficas:

  • Nouvel, de Philip Jodidio. Editorial Taschen, 2012.
  • Jean Nouvel, de Olivier Boissière. Editorial Gustavo Gili, 1996
  • Torre Agbar, el interior de Gerardo García Ventosa. Ediciones UPC, 2007.

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