Enric Miralles, arquitecto barcelonés, llevando sus planos y maquetas

Enric Miralles: el arquitecto que le dio alma a Barcelona

Miralles vivió solo cuarenta y cinco años, pero fue suficiente para transformar el paisaje urbano de Barcelona, conmocionar al mundo de la arquitectura y dejar una docena de obras que siguen explicando hoy lo que puede llegar a ser un edificio cuando lo proyecta alguien que dibuja como respira.

Hay arquitectos que construyen edificios. Y hay arquitectos que construyen ideas sobre cómo debería ser el mundo. Enric Miralles pertenecía inequívocamente al segundo grupo, aunque sus edificios —de hormigón, acero y cerámica, perfectamente tangibles— existen para demostrarlo. Nació en Barcelona en 1955 y murió en la misma ciudad en el año 2000, víctima de un tumor cerebral que se lo llevó cuando su carrera estaba en el punto más alto de su intensidad creativa. En cuatro décadas y media dejó una obra que sigue siendo objeto de estudio en las escuelas de arquitectura más prestigiosas del mundo, y una ciudad —la suya, Barcelona— que no sería exactamente la misma sin él.

Este artículo intenta responder a una pregunta que sigue resonando entre arquitectos, estudiantes y ciudadanos curiosos: ¿qué hacía tan especial la manera de trabajar y pensar de Enric Miralles? La respuesta no es sencilla, porque su arquitectura tampoco lo era. Pero sí existe un hilo conductor que recorre toda su obra, desde los primeros proyectos junto a Carme Pinós en los años ochenta hasta el Parlamento de Escocia, terminado por su estudio después de su muerte: la convicción de que un edificio no es nunca un objeto aislado, sino una conversación permanente con el lugar, con el tiempo y con las personas que lo habitan.

La formación: cuando Barcelona era la escuela más exigente de Europa

Miralles se graduó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) en 1978, en un momento en que la institución hervía de debate intelectual. La dictadura había terminado y la arquitectura catalana buscaba con urgencia su propia voz, navegando entre la herencia racional del Movimiento Moderno y las primeras sacudidas del posmodernismo que llegaban desde Italia y Estados Unidos. En ese caldo de cultivo, Miralles no tardó en destacar por algo que ya entonces resultaba insólito: su manera de dibujar.

El dibujo no era para él un trámite técnico ni un medio de comunicación con el cliente. Era, directamente, el lugar donde se producía el pensamiento. Sus compañeros de carrera recuerdan hojas y hojas de papel vegetal cubiertas de trazos superpuestos, geometrías que se contradecían y se respondían, plantas que parecían vivas. Mientras otros arquitectos en formación intentaban ordenar el espacio, Miralles intentaba entenderlo, y eso pasaba por dibujarlo sin parar y sin miedo a equivocarse.

Después de la ETSAB amplió horizontes en la Universidad de Columbia en Nueva York, una experiencia que le abrió al debate arquitectónico anglosajón sin que por ello abandonara sus raíces mediterráneas.

El aprendizaje con Viaplana y Piñón

Pero la influencia decisiva de su formación vendría de vuelta en Barcelona, en el estudio de Albert Viaplana y Helio Piñón, donde trabajó entre 1974 y 1983. Con ellos participó en proyectos urbanos que hoy son referentes de la Barcelona democrática, como la icónica Plaza de Sants.

Plaza de Sants en Barcelona, Enric Miralles con Viaplana y Carme Pinós
Plaza de Sants en Barcelona, Enric Miralles con Viaplana y Carme Pinós

De Viaplana aprendió algo que marcaría toda su carrera: que el espacio público no se ordena desde arriba, sino que se llena de objetos que asumen por sí solos la significación del lugar. Y aprendió también a perderle el miedo al papel en blanco mediante el dibujo constante, la superposición de trazas, la acumulación como método. Era una lección que Miralles haría suya de una manera absolutamente propia.

El binomio Miralles-Pinós: la poesía del hormigón (1983-1990)

En 1983, Enric Miralles fundó su propio estudio junto a Carme Pinós, su pareja en la vida y en la arquitectura. Los años que siguieron fueron, quizás, el período más explosivo de su trayectoria. Juntos desarrollaron un lenguaje que no se parecía a nada que se estuviera haciendo en España ni en Europa: estructuras asimétricas, plantas fragmentadas en piezas autónomas, un uso casi litúrgico del hormigón y el acero que nunca perdía su conexión con el terreno.

La crítica los describía como difíciles, herméticos, difíciles de fotografiar —lo que en esa época era casi un insulto profesional. Pero quienes visitaban sus obras en persona entendían enseguida que había algo extraordinario en esa complejidad: la sensación de que el edificio había crecido allí, de que respondía a fuerzas que existían antes de que el arquitecto llegara. No era casualidad. Era el resultado de un método de trabajo obsesivo que ponía el lugar, la topografía y la memoria histórica del sitio por delante de cualquier consideración estética previa.

Las obras de esta etapa son un recorrido por lo mejor de la arquitectura española de los ochenta. La Escuela La Llauna de Badalona —una antigua fábrica de conservas transformada en centro educativo con farolas de exterior en el interior y rampas metálicas que hacen entrar la ciudad en el aula— es un hito del patrimonio industrial rehabilitado en el área metropolitana.

El Centro Cívico de Hostalets de Balenyà muestra la planta empezando a fragmentarse en piezas autónomas, laboratorio de lo que vendría después. Y las Instalaciones de Tiro con Arco para los Juegos Olímpicos de 1992 demuestran que Miralles era capaz de trabajar con la misma precisión y sutileza en una estructura ligera y efímera en su función que en un proyecto de larga permanencia.

El Cementerio de Igualada: la obra que le sobrevive de la manera más poética posible

Si tuviéramos que elegir una sola obra para entender a Enric Miralles, muchos especialistas señalarían el Parque Cementerio de Igualada, diseñado junto a Carme Pinós entre 1985 y 1994. No es la más conocida por el gran público —ese honor le corresponde al Mercado de Santa Caterina— pero es la que expresa con mayor rotundidad su manera de concebir la relación entre arquitectura y paisaje.

Cementerio de Igualada, de Miralles y Pinós
Cementerio de Igualada, de Enric Miralles y Carme Pinós

El encargo parecía sencillo en el papel: un cementerio en las afueras de Igualada, una ciudad de la comarca del Anoia, a unos sesenta kilómetros de Barcelona. Pero Miralles y Pinós no entendieron el programa como un conjunto de nichos y capillas a ordenar. Lo entendieron como un viaje. La arquitectura no se coloca sobre el terreno sino que desciende hacia él, se entierra, se funde con las montañas áridas de los alrededores usando los mismos materiales que las componen: hormigón visto, acero oxidado, tierra prensada.

El resultado es un espacio que transforma completamente la experiencia de visitar un cementerio. No hay solemnidad impostada ni monumentalismo fácil. Hay un camino que baja, que se estrecha, que te hace sentir pequeño de una manera que no resulta opresiva sino, extrañamente, consoladora. Los nichos se abren en los muros como si fueran vanos de una roca, y el pavimento de travesías de tren que va cambiando de orientación añade a cada paso una pequeña variación en el ritmo del recorrido.

Un edificio es un trozo de tiempo depositado en el espacio. El Cementerio de Igualada es quizás el ejemplo más perfecto de esa idea.

Paráfrasis del pensamiento de Enric Miralles sobre la arquitectura y el tiempo

El proyecto ganó el Premio FAD de Arquitectura y fue reconocido con múltiples distinciones internacionales. Y tiene, además, una dimensión biográfica imposible de ignorar: cuando Enric Miralles murió en julio del año 2000, sus restos fueron enterrados en el propio Cementerio de Igualada. Pocas veces en la historia de la arquitectura un creador ha quedado tan literalmente unido a su obra.

Infografía Cronología Enric Miralles
Cronología Enric Miralles

La travesía en solitario: experimentación y proyección internacional (1990-1994)

Tras su separación profesional de Pinós, Miralles inició un periodo de intensa experimentación en solitario. Durante estos años, su figura se internacionalizó como profesor invitado en Harvard y otras prestigiosas escuelas.

Dibujos en el espacio en Japón

Fue en Japón donde Miralles llevó sus conceptos al límite con proyectos como el acceso a la Estación de Takaoka y el Pabellón de Meditación en Unazuki. Aquí introdujo una técnica revolucionaria: las maquetas de alambre. Estos «dibujos en el espacio», influenciados por las esculturas de Julio González, le permitían medir y soldar hilos de metal para representar la poética del vacío y el movimiento de la luz.

Barcelona 1992 y el espaldarazo olímpico

Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 fueron un catalizador para toda una generación de arquitectos catalanes, y Miralles no fue una excepción. Su proyecto para las Instalaciones de Tiro con Arco en Montjuïc, desarrollado con Carme Pinós, es una de las piezas más elegantes del legado olímpico: unas cubiertas ligeras y asimétricas que dialogan con la vegetación del parque, estructuras que parecen flotar sobre el terreno sin imponer su presencia.

La obra pasó relativamente desapercibida en el torrente de inauguraciones de ese verano extraordinario, pero los arquitectos que la estudiaron en detalle entendieron que había algo fuera de lo común en esa capacidad para construir con precisión y sutileza al mismo tiempo. Las instalaciones olímpicas también fueron el momento en que el nombre de Miralles empezó a circular con seriedad en medios internacionales, el primer escalón de una proyección global que se consolidaría en los años siguientes.

El método: por qué Miralles dibujaba para olvidar

Clave para entender su arquitectura: Miralles no usaba el dibujo para representar ideas que ya tenía formadas. Lo usaba para descubrir ideas que todavía no existían. Dibujaba en serie, sobre papel vegetal, con escuadra y cartabón —nunca paralex, que consideraba demasiado rígido— y cada nuevo dibujo no era una corrección del anterior sino una operación de olvido deliberado.

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Para comprender la arquitectura de Miralles hay que comprender antes su método de trabajo, que era tan original como sus edificios. La «Planta Miralles», como la han bautizado los teóricos que han estudiado su proceso, no es un estilo gráfico sino una epistemología: una manera de saber a través del dibujo.

La Planta Miralles no representa un simple trámite administrativo o una mera representación técnica; es el lugar fundamental donde se produce el pensamiento arquitectónico de Enric Miralles. Este sistema tiene su raíz en su etapa formativa con Viaplana y Piñón, donde se comenzó a segmentar el sistema diédrico tradicional para crear un esquema combinatorio de «planta más planos de objetos». Miralles afirmaba con rotundidad: «Yo siempre trabajo desde las plantas», evitando proyectar a partir de secciones o configuraciones tridimensionales previas.

Su técnica de dibujo se caracteriza por varios pilares metodológicos y herramientas específicas:

  • Independencia de la Escala: Sus gestos y geometrías soporte no tenían una escala definida al inicio; solían adaptarse al tamaño del papel (entre dinA5 y dinA3), manteniendo la misma estructura formal ya se tratara de un mueble o de un gran edificio.
  • Instrumentos y Soporte: Miralles dibujaba siempre a mano, preferentemente sobre papel vegetal, lo que le permitía trabajar «sobre algo» preexistente mediante el calco. En su estudio se evitaba el uso del paralex, pues consideraba que establecía un marco demasiado rígido; en su lugar, utilizaba exclusivamente escuadra y cartabón para deslizarse libremente y evitar los automatismos de la delineación.
  • La Dualidad del Dibujo: El proceso se organiza a través de una «planta matriz», que funciona como la entidad principal generadora, y una serie de «planos parciales». Estos planos parciales son fragmentos aislados y descontextualizados donde se integran secciones y alzados para construir la definición tridimensional de cada pieza arquitectónica.
  • La Fragmentación como Estrategia: Miralles utilizaba términos como «desmembrar» o «repartir» para explicar cómo asignaba a cada programa una geometría única (zigzags, ovoides, triángulos o herraduras) que luego encajaban en el conjunto sin perder su autonomía.
  • Repetición y Olvido: Basándose en las teorías de Gilles Deleuze y en el proceso pictórico de Giacometti, Miralles dibujaba en series repetitivas. Para el arquitecto, «cada nuevo dibujo efectúa una operación de olvido», una técnica que le servía para liberarse de los condicionantes iniciales del sitio y destilar la coherencia interna de la forma.

La influencia del filósofo Gilles Deleuze es perceptible aquí: Miralles estaba fascinado por la idea de la repetición como diferencia, por la noción de que repetir no significa copiar sino transformar. También resonaba en su proceso el método del escultor Alberto Giacometti, que hacía y deshacía sus retratos una y otra vez, no por insatisfacción sino porque entendía que cada nueva versión contenía algo que las anteriores habían olvidado.

Para Miralles, dibujar en serie era exactamente eso: una técnica para librarse de los condicionantes evidentes de un sitio y dejar que emergieran estructuras formales propias, inesperadas, necesarias.

Las maquetas de alambre: dibujar en el espacio

En los años noventa, especialmente durante sus proyectos en Japón, Miralles añadió a su arsenal una herramienta que se convertiría en una de sus marcas más reconocibles: las maquetas de alambre. Influenciado por las esculturas del catalán Julio González, el pionero del hierro soldado, Miralles medía y soldaba hilos de metal para crear representaciones tridimensionales del espacio que no pretendían mostrar la forma final del edificio sino explorar su poética: cómo se movería la luz, dónde se acumularía el vacío, qué relaciones se establecerían entre los distintos planos.

Maqueta de alambre de Enric Miralles
Maqueta de alambre de Enric Miralles

Estas maquetas eran extraordinariamente frágiles y hermosas, más próximas a la escultura que a la representación técnica convencional. Pero también eran instrumentos de trabajo colectivo: en el estudio EMBT, las maquetas se convirtieron en documentos de conocimiento compartido, objetos alrededor de los cuales todo el equipo podía discutir el proyecto usando materiales inesperados —jabón, ganchos de pelo, recortes de fotografías— para explorar cuestiones de percepción y escala que los planos no podían expresar.

EMBT y Benedetta Tagliabue: la madurez en color

La llegada de la arquitecta italiana Benedetta Tagliabue a la vida de Miralles marcó el inicio de una nueva etapa, profesional y personal. En 1994 fundaron juntos EMBT Arquitectes, y el estudio se convirtió enseguida en uno de los más singulares del panorama europeo. Si la etapa con Pinós había sido la de la exploración radical de la geometría fragmentada, la etapa de EMBT fue la de la madurez: más color, más referencias culturales explícitas, más atención a la diversidad de materiales, proyectos de mayor escala y visibilidad internacional.

Tagliabue aportó una sensibilidad diferente pero complementaria: formada en Venecia y con una mirada más abierta al arte contemporáneo y a la artesanía como componentes del proyecto arquitectónico, dio a la obra del estudio una dimensión táctil y colorista que en los trabajos anteriores era más austera. La cerámica del Mercado de Santa Caterina, por ejemplo, es impensable sin esa influencia cruzada.

Miralles recibió en este período el León de Oro de la Bienal de Venecia en 1996, uno de los reconocimientos más prestigiosos de la arquitectura mundial, confirmando que su obra había trascendido definitivamente el ámbito catalán y español para convertirse en referencia global.

El Mercado de Santa Caterina: el mar de mosaicos que Barcelona adoptó como propio

De todas las obras que Enric Miralles dejó en Barcelona, el Mercado de Santa Caterina es la que más profundamente ha entrado en el imaginario colectivo de la ciudad. No es necesariamente la más perfecta ni la más radical —Igualada tiene un peso específico mayor en la historia de la arquitectura—, pero es la que más barceloneses han hecho suya, la que aparece en miles de fotos de visitantes cada semana, la que los residentes del Born miran sin ver porque forma ya parte inevitable del paisaje cotidiano.

El encargo era la reforma de un mercado decimonónico en el corazón del barrio de Sant Pere, el más denso y antiguo de la ciudad. Miralles y Tagliabue plantearon desde el principio una intervención que no intentara disimularse en el entorno medieval sino todo lo contrario: una cubierta ondulada de proporciones generosas, recubierta de 325.000 piezas hexagonales de cerámica en 67 colores, diseñadas por el artista Toni Comella para evocar el estallido cromático de los puestos de fruta y verdura del mercado.

Mercado de Santa Caterina, Enric Miralles
El Mercat de Santa Caterina, Enric Miralles, Arquitecto

El efecto desde el aire es el de un tapiz gigantesco, casi abstracto, depositado sobre el tejido medieval. Pero la cubierta no es solo espectáculo visual: su ondulación responde a la lógica interior del espacio, que necesitaba volúmenes diferentes para distintos usos, y su geometría permite que la luz entre de maneras diversas a distintas horas del día, transformando continuamente la atmósfera del mercado.

La complejidad del proyecto aumentó cuando las excavaciones sacaron a la luz los restos arqueológicos del antiguo Monasterio de Santa Caterina, el primer convento dominico establecido en la Corona de Aragón, demolido en 1837. Miralles tomó entonces una decisión que dice mucho de su manera de entender la arquitectura como diálogo con el tiempo: en lugar de hacer desaparecer los restos bajo el nuevo pavimento, los integró en el proyecto, creando una zona arqueológica visitable que convierte el mercado en un palimpsesto, una superposición de capas históricas que se pueden leer simultáneamente.

El Parlamento de Escocia: la obra maestra que no llegó a ver terminada

El concurso para el nuevo Parlamento de Escocia en Edimburgo llegó a manos de Miralles en 1998, cuando Escocia estaba recuperando su parlamento autónomo después de casi tres siglos. El encargo era de una carga simbólica enorme: el edificio debía representar una identidad nacional que se estaba redescubriendo a sí misma, y hacerlo en un emplazamiento extraordinario, entre el Old Town de Edimburgo y el parque volcánico de Holyrood.

Parlamento de Escocia, de EMBT (Miralles - Tagliabue)
Parlamento de Escocia, de EMBT (Enric Miralles & Benedetta Tagliabue)

La propuesta de EMBT ganó el concurso con una idea que era al mismo tiempo audaz y respetuosa: un conjunto de volúmenes que no imitaban la arquitectura escocesa tradicional pero sí dialogaban con sus formas naturales. Las cubiertas de las salas de comisiones evocaban barcas invertidas. Los módulos de los despachos de los parlamentarios recordaban hojas o vainas. El edificio en su conjunto parecía haber crecido del terreno volcánico que lo rodeaba, como si llevara allí desde siempre.

Pero Miralles no llegó a ver terminada su obra más ambiciosa. Murió en julio de 2000, cuando el proyecto aún estaba en plena construcción, envuelto además en una polémica pública sobre los desbordamientos de presupuesto que lo habían convertido en un asunto de debate político en Escocia. El Parlamento fue inaugurado finalmente en 2004, bajo la dirección de Benedetta Tagliabue, y el tiempo ha terminado por hacer justicia: hoy se considera una de las obras institucionales más innovadoras de Europa, y Miralles figura en todas las historias de la arquitectura contemporánea junto a las grandes figuras del siglo XX.

La huella de Miralles en el tejido urbano de Barcelona

Más allá de Santa Caterina, la presencia de Miralles en Barcelona se extiende por varios puntos del territorio metropolitano. Quien quiera hacer una ruta por su obra no necesita salir de la ciudad.

En el Parque de Diagonal Mar, diseñado también con EMBT, Miralles aplicó su fascinación por las redes y los sistemas naturales a un espacio público de gran escala. El parque introduce una trama de estructuras metálicas tubulares que sostienen macetas, proyectan agua y crean recorridos sinuosos que nunca son lo que parecen desde lejos. No hay un eje principal ni una perspectiva dominante: el espacio se descubre paseándolo, y cada recorrido revela combinaciones diferentes de luz, sombra y vegetación.

La Vivienda como laboratorio: casa en la Calle Mercaders (Barcelona)

Este proyecto es vital porque fue la propia casa de Miralles y Tagliabue en el Barrio Gótico. No es solo una reforma; es una «arqueología del presente» donde se descubrieron capas de muros históricos que el arquitecto decidió dejar a la vista.

  • La casa como un vestido de segunda mano donde lo más interesante es lo que vas descubriendo al habitarla.
  • Le permitió hablar de su faceta más íntima y de cómo la geometría en planta se adapta a las trazas de un edificio medieval.
  • A destacar los frescos antiguos recuperados y el mobiliario diseñado por él, como la mesa Inestable.
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La Torre MareNostrum, sede de Gas Natural en la Barceloneta, es otra intervención que ha entrado en el skyline de la ciudad con una personalidad muy propia. El edificio principal de cristal se prolonga en un brazo voladizo extraordinario que cambia de silueta según el ángulo desde el que se mira: desde el mar parece una vela, desde el Passeig de Joan de Borbó parece un bloque compacto, desde el interior del Eixample parece algo completamente diferente. Es exactamente lo que Miralles perseguía: arquitectura que no se agota en una sola imagen.

Y luego están las Pérgolas de la Avenida Icaria, ese bosque metálico diseñado para la Villa Olímpica que Miralles defendía precisamente por haber conseguido algo muy difícil en arquitectura: la invisibilidad. Llevan tanto tiempo allí que los vecinos ya no las ven como diseño sino como paisaje cotidiano. Para él eso era el mayor elogio posible.

Más allá del centro: obras en la provincia de Barcelona que conviene conocer

La obra de Miralles en el área metropolitana y la provincia de Barcelona va mucho más allá de las intervenciones en la ciudad central. Tres proyectos merecen una atención especial porque muestran dimensiones de su trabajo que los grandes iconos urbanos no siempre permiten apreciar.

El Parc dels Colors de Mollet del Vallès

En Mollet del Vallès, Miralles dejó uno de sus proyectos de paisaje más oníricos y menos conocidos.

El Parc dels Colors juega con las trazas históricas del lugar —antiguos caminos, restos de construcciones previas— transformándolas en pavimentos de colores, en estructuras elevadas que parecen flotar, en elementos que el arquitecto describía como arbitrarios pero que en conjunto generan una experiencia de deambulación única. Era un parque en el que, como él mismo decía, «nunca puedes entrar del todo», porque lo interesante es siempre lo que hay un poco más adelante.

La Escuela La Llauna de Badalona: patrimonio industrial rehabilitado

Aunque cronológicamente pertenece a la etapa Miralles-Pinós, la Escuela La Llauna de Badalona merece mención específica como referente del patrimonio industrial rehabilitado en el área metropolitana. Lo que hicieron Miralles y Pinós con esa antigua fábrica de conservas fue algo que en la España de 1984 resultaba casi revolucionario: no fingir que el edificio original no existía, sino incorporar su carácter industrial al programa educativo. Las farolas de exterior instaladas en el interior del patio cubierto, los pilares acolchados de colores, la rampa metálica que atraviesa el espacio…

La Biblioteca de Palafolls: arquitectura para la periferia con la misma ambición

La Biblioteca Pública de Palafolls, en la comarca del Maresme, es uno de los ejemplos más claros de que Miralles aplicaba exactamente el mismo nivel de ambición y rigor tanto a una sede parlamentaria como a una biblioteca en un pueblo de veinte mil habitantes.

La planta del edificio tiene una forma orgánica que evoca una hoja depositada en el terreno, y su integración con la arboleda circundante es tan cuidada que el edificio parece haber crecido allí por procesos naturales antes que por decisión humana.

Biblioteca en Palafolls, Enric Miralles Arqto.
Biblioteca en Palafolls, Enric Miralles Arquitecto

Legado: por qué Miralles sigue siendo urgente en 2026

Han pasado veinticinco años desde la muerte de Enric Miralles, y su obra no ha envejecido. Si acaso, ha ganado perspectiva.

En un panorama arquitectónico internacional que oscila entre el espectáculo formal vacío y la eficiencia fría del coste por metro cuadrado, su arquitectura sigue recordando que existe una tercera vía: edificios que son complejos porque la realidad es compleja, que dialogan con su lugar porque toda buena arquitectura debe hacerlo, y que emocionan porque han sido pensados por alguien que no se conformaba con resolver un programa.

El estudio EMBT Arquitectes continúa bajo la dirección de Benedetta Tagliabue, desarrollando proyectos en todo el mundo que mantienen vivo el espíritu de ese método. Su obra en el Pabellón de España en la Exposición Universal de Shanghái 2010, por ejemplo, o el diseño del campus universitario de Vigo, muestran que el legado de Miralles no es una momia que venerar sino una práctica viva.

La arquitectura no debe limitarse a resolver problemas funcionales. Debe abrir nuevas formas de experimentar el espacio.

Síntesis del pensamiento arquitectónico de Enric Miralles

En las escuelas de arquitectura, la «Planta Miralles» sigue siendo objeto de análisis y debate. Harvard, la ETH de Zúrich, la Architectural Association de Londres: en todas ellas sus dibujos circulan como ejemplos de un pensamiento gráfico excepcional. Sus maquetas de alambre se estudian como instrumentos epistemológicos tanto como estéticos. Y sus obras construidas siguen siendo visitadas por generaciones de estudiantes que buscan entender algo que los manuales no siempre pueden explicar: cómo se transforma la intuición en forma, y la forma en experiencia.

Hay algo, además, profundamente barcelonés en la manera en que Miralles entendía la arquitectura. No la grandiosidad por la grandiosidad, sino la complejidad al servicio de la vida cotidiana. No el monumento aislado, sino el edificio que se mezcla con su contexto hasta hacerse necesario. No la obra firmada con énfasis, sino la intervención que con el tiempo se vuelve invisible porque se ha convertido en parte del paisaje.

En ese sentido, Enric Miralles fue, antes que nada, un arquitecto de su ciudad. Y su ciudad lleva su huella de una manera que muy pocas ciudades pueden decir sobre ningún arquitecto.

Preguntas frecuentes sobre Enric Miralles

¿Quién fue Enric Miralles y por qué es importante?

Enric Miralles (Barcelona, 1955–2000) fue uno de los arquitectos más originales e influyentes de la arquitectura contemporánea española e internacional. Su importancia reside en haber desarrollado un lenguaje arquitectónico radicalmente propio —basado en la geometría fragmentada, el diálogo con el paisaje y un método de dibujo muy singular— que influyó profundamente en generaciones de arquitectos posteriores. Obras como el Cementerio de Igualada, el Mercado de Santa Caterina y el Parlamento de Escocia son hoy referencias obligadas en cualquier historia de la arquitectura del siglo XX.

¿Cuáles son las obras más importantes de Enric Miralles en Barcelona?

En Barcelona y su área metropolitana, las obras más destacadas son: el Mercado de Santa Caterina (con su cubierta de mosaico cerámico de 67 colores), el Parque de Diagonal Mar, la Torre MareNostrum (sede de Gas Natural en la Barceloneta), las Pérgolas de la Avenida Icaria en la Villa Olímpica, y las instalaciones de Tiro con Arco en Montjuïc.
En la provincia destaca la Biblioteca de Palafolls y el Parc dels Colors de Mollet del Vallès. El Cementerio de Igualada es su obra más admirada por la crítica especializada.

¿Qué es la ‘Planta Miralles’ y por qué se estudia en las escuelas de arquitectura?

La ‘Planta Miralles‘ es el método de representación y pensamiento proyectual desarrollado por el arquitecto a lo largo de toda su carrera. Consiste en trabajar siempre desde la planta, dibujando a mano sobre papel vegetal en series repetitivas que sirven para «olvidar» las soluciones evidentes y descubrir nuevas posibilidades formales. La planta se fragmenta en geometrías autónomas (zigzags, ovoides, herraduras) coordinadas desde una «planta matriz».
Se estudia en las escuelas de arquitectura porque es un ejemplo extraordinario de cómo el proceso de representación puede ser también un proceso de pensamiento.

¿Qué es EMBT Arquitectes y qué hace hoy?

EMBT Arquitectes (Enric Miralles Benedetta Tagliabue) es el estudio fundado en 1994 por Enric Miralles y la arquitecta italiana Benedetta Tagliabue. Tras la muerte de Miralles en 2000, Tagliabue continuó dirigiendo el estudio, que terminó obras como el Parlamento de Escocia (inaugurado en 2004) y ha desarrollado proyectos posteriores en España, Italia, China y otros países.
EMBT sigue siendo hoy un referente del panorama arquitectónico internacional, con sede en Barcelona.

¿Dónde está enterrado Enric Miralles?

Enric Miralles descansa en el Cementerio de Igualada, la misma obra que él diseñó junto a Carme Pinós entre 1985 y 1994. Es uno de los datos biográficos más poéticos de la historia de la arquitectura contemporánea: el arquitecto que diseñó un cementerio para transformar la experiencia de la muerte terminó convirtiéndose en habitante permanente de su propia obra.

¿Qué premios recibió Enric Miralles?

Entre los reconocimientos más destacados de Enric Miralles figuran el Premio FAD de Arquitectura por el Cementerio de Igualada, el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia en 1996 —uno de los más prestigiosos del mundo— y múltiples premios nacionales e internacionales.
Fue también reconocido con cátedras y docencias en instituciones como Harvard, la Städelschule de Frankfurt y la Architectural Association de Londres.

Javier Luna
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