La historia de la arquitectura contemporánea en Europa no puede entenderse sin fijar la mirada en el Mediterráneo, específicamente en el núcleo urbano de Cataluña. La Escuela de Arquitectos de Barcelona no es únicamente un conjunto de aulas o un plan de estudios adscrito a la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC); es el epicentro de un fenómeno intelectual, estético y urbanístico que transformó el paisaje de las ciudades modernas.
- 1) Los orígenes de la Escuela de Arquitectura de Barcelona
- 2) El Movimiento Moderno y el nacimiento de la Escuela de Barcelona
- 3) Oriol Bohigas y la refundación intelectual de la ETSAB
- 4) Rafael Moneo: profesor, director y figura internacional
- 5) Esteve Terradas y la cultura científica de la Escuela
- 6) La generación de Viaplana y Piñón: La deconstrucción de la forma
- 7) Lluís Clotet y Óscar Tusquets: diseño, arquitectura y cultura
- 8) La Villa Olímpica: cuando la Escuela de Barcelona construyó la nueva ciudad
- 9) Ignacio Paricio y Ramón Sanabria: construir la Barcelona contemporánea
- 10) Esteve Bonell y la arquitectura pública: El rigor institucional
- 11) Enric Miralles: La arquitectura como poesía en movimiento
- 12) Los herederos de la Escuela: Joan Pascual, Pere Joan Ravetllat, Carme Ribas, Alfred Arribas y Tonet Sunyer
- 13) Carles Ferrater y la internacionalización de la arquitectura barcelonesa
- 14) Enric Batlle y Joan Roig: paisaje, sostenibilidad y ciudad
- 15) La nueva generación de arquitectos formados en Barcelona: Identidad, crisis y materialidad
- 16) ¿Por qué la Escuela de Arquitectura de Barcelona sigue siendo una referencia mundial?
- 17) El legado de la Escuela de Barcelona en la arquitectura del siglo XXI
Bajo la etiqueta conceptual de la Escuela de Barcelona, se formó una de las generaciones de arquitectos más influyentes de Europa, capaces de equilibrar la vanguardia internacional con el arraigo material y la identidad local.
Entender la evolución de la arquitectura catalana contemporánea exige bucear en las aulas de la ETSAB, analizar sus debates teóricos y descubrir cómo una serie de arquitectos famosos de Barcelona lograron exportar un modelo de hacer ciudad que se convirtió en una referencia global.
Los orígenes de la Escuela de Arquitectura de Barcelona
La Escuela de Llotja y 1817: La semilla de la enseñanza de la arquitectura
Para comprender la solidez institucional de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, es obligatorio retroceder hasta los albores del siglo XIX. El año 1817 marca un punto de inflexión con la creación de la clase de Arquitectura dentro de la Escuela de Nobles Artes de la Junta de Comercio de Cataluña, popularmente conocida como la Escuela de Llotja.
Antes de esta fecha, la formación de los constructores y maestros de obras en Cataluña dependía de un sistema gremial o del traslado forzoso a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. La inauguración de estas enseñanzas regladas en Barcelona respondió a una necesidad urgente de la floreciente burguesía industrial catalana, que demandaba profesionales cualificados para planificar la expansión fabril y urbana de una ciudad que ya empezaba a quedarse pequeña dentro de sus murallas medievales.
Nacimiento de la enseñanza reglada y consolidación académica
El paso definitivo hacia la modernización educativa ocurrió en 1875, cuando se fundó oficialmente la Escuela Especial de Arquitectura de Barcelona bajo la dirección de Elies Rogent. Rogent, una figura primordial del historicismo y el eclecticismo arquitectónico, dotó a la institución de un rigor metodológico sin precedentes.
Bajo su tutela se formaron titanes de la talla de Antoni Gaudí, Lluís Domènech i Montaner y Josep Puig i Cadafalch. En este periodo, la escuela no solo enseñaba técnicas constructivas; se convirtió en el laboratorio ideológico del Modernisme, el movimiento que dotó a Barcelona de su identidad visual más célebre y que demostró, por primera vez, que la arquitectura producida en Cataluña poseía una proyección y originalidad de escala europea.
Evolución hacia la ETSAB actual: Un campus integrado en el tejido universitario
A lo largo del siglo XX, la institución experimentó diversas mutaciones arquitectónicas y geográficas. El crecimiento exponencial de la matrícula y la necesidad de laboratorios modernos propiciaron su traslado en los años sesenta al Campus Sur de la Diagonal, ocupando el icónico edificio diseñado por Josep Maria Segarra Solsona.

Hoy en día, la ETSAB (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona) combina esta herencia histórica con la integración en la Universitat Politècnica de Catalunya, manteniendo intacto su estatus de faro académico y atrayendo a estudiantes e investigadores de los cinco continentes.
El Movimiento Moderno y el nacimiento de la Escuela de Barcelona
El Grupo R: La ruptura con el academicismo de posguerra
Tras el parón intelectual y la autarquía cultural impuestos por la posguerra española, la arquitectura en Cataluña corría el riesgo de quedar estancada en un monumentalismo neoclásico y vacío. Sin embargo, en 1951, la fundación del Grupo R sacudió los cimientos de la profesión.
Este colectivo, compuesto por arquitectos inconformistas, se propuso entroncar nuevamente con las corrientes de vanguardia del Movimiento Moderno internacional (el racionalismo de la Bauhaus y el Estilo Internacional) que el conflicto bélico había truncado. El Grupo R operó como un puente cultural, organizando exposiciones, conferencias y concursos que inyectaron una dosis de urgencia estética y social en la escena local.
[Línea temporal del pensamiento arquitectónico en Barcelona]
1817: Clases en la Llotja ──> 1875: Fundación Escuela Especial ──> 1951: Irrupción del Grupo R ──> 1960s: Consolidación de la Escuela de Barcelona
Josep Maria Sostres: La vanguardia poética
Dentro de este ecosistema de renovación, Josep Maria Sostres destacó como el pensador más sutil y refinado. Su obra, aunque no tan prolífica en volumen como la de otros contemporáneos, es un ejercicio de precisión geométrica y sensibilidad paisajística.
Proyectos como la Casa Agustí o la Casa Moratiel evidencian una asimilación profunda de las teorías de Le Corbusier y de la arquitectura orgánica de Frank Lloyd Wright, demostrando que el racionalismo en Barcelona no tenía por qué ser frío o impersonal, sino profundamente adaptado a las condiciones lumínicas y espaciales del entorno mediterráneo.
José Antonio Coderch: La tradición reinterpretada
Si hay un nombre que personifica la honestidad constructiva de esta época es José Antonio Coderch. Considerado uno de los grandes maestros de la arquitectura europea del siglo XX, Coderch logró algo aparentemente imposible: fundir la abstracción de la modernidad con la sabiduría de la arquitectura vernácula e ibicenca.
Su diseño del edificio de viviendas de la Barceloneta (la Casa de la Marina) o las persianas cerámicas de sus fachadas revolucionaron la vivienda colectiva. Coderch enseñó a las generaciones posteriores de la Escuela de Arquitectos de Barcelona que la verdadera innovación no radica en el ornamento caprichoso, sino en el manejo magistral de la luz, el patio, la privacidad y los materiales tradicionales como la cerámica y la madera.
Oriol Bohigas: El catalizador político e intelectual
Mientras Coderch aportaba la genialidad formal, Oriol Bohigas se erigía como el gran estratega, crítico y catalizador del debate urbano. Miembro activo del Grupo R y socio fundador del prestigioso estudio MBM (Martorell-Bohigas-Mackay), Bohigas entendió rápidamente que la arquitectura no podía disociarse de la política ni de la transformación social. Sus escritos críticos en revistas como Arquitectura Bis y sus ensayos teóricos comenzaron a moldear lo que el historiador italiano Ignazio de Solà-Morales definiría formalmente como la Escuela de Barcelona.
«La Escuela de Barcelona no se caracterizó por un estilo formal unificado, sino por una actitud común: la defensa de una arquitectura realista, atenta al contexto urbano, comprometida con la morfología de la ciudad histórica y profundamente respetuosa con el oficio de construir.» — Síntesis del debate crítico de los años 60.
Este enfoque pragmático y contextual distanciaba a los arquitectos de Barcelona de la abstracción radical de la escuela madrileña, apostando por un diseño donde la calle, la manzana y el espacio público eran los verdaderos protagonistas.
Oriol Bohigas y la refundación intelectual de la ETSAB
El impacto de Oriol Bohigas en la arquitectura catalana contemporánea alcanzó su cénit cuando asumió la dirección de la ETSAB entre 1977 y 1980. Aquellos años, coincidiendo con la Transición democrática en España, fueron testigos de una auténtica refundación intelectual de la escuela. Bohigas desmanteló las viejas estructuras pedagógicas ligadas al academicismo franquista y renovó por completo el cuerpo docente, incorporando a las mentes más brillantes de la práctica profesional y de la teoría internacional.
Bajo su dirección, la escuela adoptó un lema implícito: la mejor manera de enseñar arquitectura es practicarla al más alto nivel. Introdujo asignaturas que priorizaban el análisis morfológico de la ciudad y el diseño del espacio público, preparando el terreno para la gigantesca transformación urbana que sufriría Barcelona en la década de los ochenta.
La ETSAB dejó de ser una escuela puramente técnica para convertirse en un ágora de debate político, filosófico y formal, consolidando la reputación de los arquitectos famosos de Barcelona en toda Europa.
Rafael Moneo: profesor, director y figura internacional
La proyección de la Escuela de Arquitectura de Barcelona hacia el estrellato internacional se consolidó de manera definitiva con la llegada de Rafael Moneo. Aunque de origen navarro, el paso de Moneo por la ETSAB —primero como catedrático de Elementos de Composición en 1971 y posteriormente como docente influyente— dejó una huella imborrable en el ADN de la institución.

Moneo aportó una dimensión erudita, una obsesión por la historia de la arquitectura no como un catálogo de estilos del pasado, sino como una herramienta viva para la composición contemporánea. Su capacidad para analizar la tipología edificatoria y la relación de la nueva arquitectura con la preexistencia histórica influyó directamente en los estudiantes barceloneses de la época.
Su posterior obtención del Premio Pritzker en 1996 ratificó el prestigio de las aulas donde impartió cátedra, demostrando que la Escuela de Barcelona era un centro de excelencia capaz de albergar y potenciar el pensamiento arquitectónico más riguroso del planeta.
Esteve Terradas y la cultura científica de la Escuela
A la par que la Escuela de Barcelona consolidaba su base teórica y su compromiso con la morfología urbana, existía la necesidad imperiosa de anclar esos debates en la realidad técnica y material de la construcción. Es en este punto donde la figura de Esteve Terradas (junto a su hermano Robert Terradas) adquiere una relevancia fundamental en las aulas de la ETSAB. Herederos de una tradición intelectual de ingenieros y arquitectos, los Terradas inyectaron en la escuela lo que se conoció como la «cultura científica».
Para Terradas, la arquitectura no podía reducirse a un mero ejercicio formal o a una manifestación puramente sociológica. El diseño arquitectónico debía ser, ante todo, un hecho estructural e industrializable, donde la precisión del cálculo, el conocimiento profundo de la resistencia de los materiales y la optimización de los procesos constructivos dictaran la pauta formal.
En un momento en que la vanguardia europea coqueteaba con el posmodernismo historicista, la cátedra y la práctica de Terradas mantuvieron a los estudiantes de Barcelona firmemente conectados con la honestidad constructiva. Su influencia propició que los futuros arquitectos de Barcelona no solo supieran proyectar espacios urbanos integradores, sino también construir edificios de una altísima calidad tectónica, durabilidad y eficiencia, características que se convertirían en el sello distintivo de la obra pública catalana de finales de siglo.
La generación de Viaplana y Piñón: La deconstrucción de la forma
Hacia finales de la década de los setenta y durante los años ochenta, la rigidez del funcionalismo moderno empezó a ser cuestionada desde dentro de la propia escuela. Nadie personificó este cambio de paradigma con tanta audacia y radicalidad conceptual como el tándem formado por Albert Viaplana y Helio Piñón. Profesores fundamentales de la ETSAB, su llegada a los tableros de diseño supuso una auténtica revolución estética que marcó a las generaciones de estudiantes que buscaban un camino más allá del realismo propuesto por Bohigas.

La obra de Viaplana y Piñón se caracterizó por una abstracción poética y una deconstrucción geométrica sin precedentes en la arquitectura catalana contemporánea. Su proyecto más célebre y debatido, la Plaza de los Países Catalanes (Plaça dels Països Catalans, 1983) frente a la estación de Sants, redefinió por completo el concepto mismo de espacio público. Diseñada como una «plaza dura», desprovista de la vegetación tradicional y configurada a través de sutiles planos de hormigón, pérgolas metálicas abstractas y líneas tensas, la plaza funciona como un manifiesto arquitectónico a cielo abierto.
En sus aulas de la ETSAB, Viaplana desafiaba constantemente los dogmas tipológicos. Enseñaba a sus alumnos a despojar al edificio de lo superfluo, a entender el vacío como un elemento compositivo tan potente como el lleno, y a proyectar mediante sutiles líneas de fuerza que conectaban la obra con el entorno urbano de una manera puramente intelectual. Esta corriente abrió las puertas a una libertad formal que oxigenó el panorama arquitectónico barcelonés, demostrando que la escuela también era capaz de liderar la vanguardia conceptual de Europa.
Lluís Clotet y Óscar Tusquets: diseño, arquitectura y cultura
Paralelamente a la abstracción de Viaplana y al rigor de Terradas, la escena cultural de Barcelona se vio sacudida por la irreverencia, el ingenio y el hedonismo de Lluís Clotet y Óscar Tusquets. Fundadores del mítico Studio Per en 1964 (junto a Pep Bonet y Cristian Cirici), estos dos arquitectos rompieron con la solemnidad del academicismo a través de una práctica multidisciplinar que abarcaba desde el urbanismo hasta el diseño industrial, el interiorismo y el mobiliario.
Clotet y Tusquets defendieron una postura que reclamaba el derecho a la ironía, al juego formal y a la recuperación de la artesanía dentro de la modernidad. Su arquitectura dialogaba sin complejos con la historia, utilizando referencias clásicas o pop de una manera marcadamente contemporánea. Obras como la Casa Regás en Llofriu o el deslumbrante Belvedere Georgina demuestran una sensibilidad exquisita por el detalle constructivo, la integración en el paisaje y la experiencia lúdica del espacio habitado.
Además de su producción arquitectónica, su impacto en el diseño de objetos cotidianos a través de la firma Bd Barcelona Design (originalmente Bocaccio Design) fue monumental. Diseñaron bancos urbanos, lámparas, vajillas y sistemas de estanterías que hoy en día son piezas de museo, demostrando que los arquitectos famosos de Barcelona entendían el diseño como un continuo absoluto: desde el pomo de una puerta hasta el plano de la gran ciudad.

En las aulas de la ETSAB, su influencia inyectó una dosis de frescura y libertad, recordando a los estudiantes que la arquitectura, además de una responsabilidad social y técnica, es una de las bellas artes más elevadas, destinada a conmover y mejorar el día a día a través de la belleza material.
La Villa Olímpica: cuando la Escuela de Barcelona construyó la nueva ciudad
El momento de máxima madurez teórica de la Escuela de Barcelona coincidió con el mayor reto logístico y constructivo de la historia moderna de Cataluña: la adjudicación y organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 [Publicación: AV Monografías 22]. No se trató únicamente de un evento deportivo; para los arquitectos de Barcelona, las Olimpiadas supusieron la oportunidad de ensayar a escala real, sobre el tejido de una metrópolis de millones de habitantes, las teorías urbanísticas que se habían debatido en las aulas de la ETSAB durante las tres décadas anteriores.
[Modelo de Transformación Urbana Barcelona '92]
Desmantelamiento de vías e industrias ──> Extensión de la retícula Cerdà ──> Diseño del espacio público y playas ──> Construcción de la Villa Olímpica
Oriol Bohigas y el Plan General: El arquitecto como estratega urbano
La gran revolución del modelo olímpico barcelonés radicó en que la planificación no se dejó en manos de tecnócratas o promotores inmobiliarios, sino que estuvo comandada por arquitectos-urbanistas. Con Oriol Bohigas al frente del área de Urbanismo del Ayuntamiento, se diseñó una estrategia clara: «higienizar el centro y reconstruir la periferia».
En lugar de concentrar todas las infraestructuras en un parque olímpico aislado —como había sucedido en ediciones anteriores en otras capitales del mundo—, se decidió fragmentar las intervenciones en cuatro grandes áreas urbanas (Montjuïc, Diagonal, Vall d’Hebron y Poblenou). El objetivo era que las obras actuaran como motores de sutura urbana, devolviendo la dignidad a barrios enteros que habían quedado marginados por el desarrollismo industrial.

Martorell-Bohigas-Mackay (MBM): La relectura de la manzana del Eixample
El encargo más complejo e icónico fue la proyección de la Villa Olímpica en el antiguo distrito industrial del Poblenou [Publicación: AV Monografías 22]. El estudio MBM (Martorell-Bohigas-Mackay), acompañado por Albert Puigdomènech, asumió el diseño del plan maestro de este nuevo sector de la ciudad [Publicación: AV Monografías 22].
La genialidad de MBM residió en no proponer un barrio de bloques aislados en el espacio (siguiendo el modelo clásico de la Ville Radieuse de Le Corbusier), sino en recuperar y actualizar la manzana del Plan Cerdà del siglo XIX.
MBM diseñó una morfología urbana basada en calles-corredor tradicionales y manzanas abiertas, donde el interior de la manzana se convertía en un jardín público para el uso de los vecinos. Para la edificación de las viviendas que alojarían a los atletas (y que posteriormente se convertirían en residencias privadas), el plan maestro distribuyó los bloques entre diferentes profesores y graduados de la ETSAB.
Esta decisión propició una rica variedad tipológica y formal dentro de una rigurosa unidad de escala, materiales (predominio del ladrillo visto rojo y las estructuras metálicas) y alturas, evitando la monotonía de la vivienda social masiva de la época.
Albert Viaplana, Helio Piñón y la costura de los bordes urbanos
Dentro de esta macrointervención, figuras de la vanguardia conceptual de la escuela como Albert Viaplana y Helio Piñón aportaron soluciones brillantes para los puntos de transición más complejos. Suyo fue el diseño del centro comercial de la Villa Olímpica y la ordenación de varias de las plazas duras que servían de antesala al frente marítimo.
Su intervención demostró que la abstracción formal y las líneas deconstructivas podían convivir en perfecta armonía con el urbanismo integrador y morfológico de MBM, enriqueciendo la complejidad espacial de la nueva fachada de la ciudad.
El urbanismo olímpico y la apertura definitiva al mar
Hasta la llegada de la década de los noventa, se solía repetir la frase lapidaria de que «Barcelona vivía de espaldas al mar». Una densa barrera de vías de tren e industrias metalúrgicas obsoletas (conocida como el «Icetáceo» o el «muro ferroviario») bloqueaba por completo el acceso de los ciudadanos al Mediterráneo.
La transformación olímpica consistió, en esencia, en soterrar las vías del tren, desmantelar los polígonos fabriles degradados y construir la Ronda del Litoral, una gran arteria de circunvalación que se hundió bajo el nivel del suelo para evitar que actuara como una nueva barrera física.

Sobre este vacío recuperado, los arquitectos de Barcelona diseñaron kilómetros de playas públicas, paseos peatonales arbolados, puertos deportivos y parques urbanos (como el Parque del Litoral o el Parque de Carlos I).
El impacto fue monumental: la arquitectura catalana contemporánea no solo estaba construyendo edificios singulares; estaba rediseñando la geografía y la vida cotidiana de sus ciudadanos, creando un modelo de espacio público democrático, accesible y de altísima calidad estética que fue copiado internacionalmente bajo el nombre de «Modelo Barcelona».
Ignacio Paricio y Ramón Sanabria: construir la Barcelona contemporánea
La consolidación y materialización de la arquitectura catalana contemporánea tras el impulso olímpico no puede explicarse sin la vertiente teórica y constructiva de figuras como Ignacio Paricio y Ramón Sanabria. Ambos representan dos caras de una misma moneda: el respeto absoluto por el oficio, la tectonicidad y la inserción precisa de la nueva arquitectura en los tejidos urbanos existentes.
Ignacio Paricio, socio fundador del prestigioso estudio Clotet y Paricio y catedrático de Construcción en la ETSAB, ha sido uno de los grandes pensadores de la materia en España. Su labor se ha centrado en dignificar el papel de las fachadas, el uso inteligente del ladrillo cerámico y la evolución de los sistemas constructivos tradicionales hacia la prefabricación.
Obras como la remodelación del depósito de las Aguas para la biblioteca de la Universitat Pompeu Fabra demuestran cómo la herencia histórica puede dialogar con la técnica contemporánea sin perder un ápice de monumentalidad o ligereza.

Por su parte, Ramón Sanabria ha dejado una huella indeleble tanto en el paisaje monumental de Cataluña como en las aulas de la escuela. Su arquitectura se caracteriza por una contención formal geométrica, donde predominan los volúmenes puros, los planos ciegos de hormigón y los cortes de luz precisos. Sanabria defiende una arquitectura «silenciosa» pero de enorme potencia espacial.
Edificios públicos como centros de atención primaria (CAP), sedes judiciales o institutos de secundaria por toda Cataluña demuestran que la excelencia arquitectónica de la Escuela de Barcelona no se reservaba únicamente para los grandes hitos institucionales, sino que impregnaba la infraestructura cotidiana del ciudadano.
Esteve Bonell y la arquitectura pública: El rigor institucional
Si hay un arquitecto que encarna el equilibrio entre la herencia internacional de la modernidad y el rigor institucional del espacio público, ese es Esteve Bonell. Formado en las aulas de la ETSAB y posteriormente profesor de proyectos de la misma, Bonell alcanzó el reconocimiento internacional absoluto con el diseño del Palacio de Deportes de Badalona (Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe en 1992), proyectado junto a Francesc Rius para la cita olímpica.
La obra de Bonell se fundamenta en un entendimiento exquisito de la escala, la topografía y la geometría urbana. Sus proyectos para juzgados, hospitales y edificios de viviendas colectivas destacan por una elegancia formal atemporal, alejada de las modas pasajeras.
Bonell enseñó a los alumnos de la Escuela de Arquitectura de Barcelona que la arquitectura pública conlleva una responsabilidad ética: la de construir piezas que envejezcan con dignidad, que organicen el entorno de manera lógica y que pongan al usuario en el centro de la experiencia espacial.

Enric Miralles: La arquitectura como poesía en movimiento
Enric Miralles representa la vertiente más libre, expresiva y poética de la Escuela de Barcelona. Alumno brillante y carismático profesor de la ETSAB, Miralles rompió con la rigidez geométrica del racionalismo tradicional para proponer una arquitectura orgánica en constante diálogo con el tiempo y el paisaje.
Su revolucionario lenguaje arquitectónico, caracterizado por geometrías complejas, planos fragmentados y un profundo respeto por la topografía, se materializó en dos obras universales indispensables:
- El Cementerio de Igualada (1994): Diseñado junto a Carme Pinós, es una obra maestra excavada en la tierra que funde de manera poética la arquitectura, la naturaleza y las sombras.
- El Mercado de Santa Caterina: Renovado junto a Benedetta Tagliabue (EMBT), un hito urbano en Barcelona célebre por su espectacular y colorida cubierta cerámica sinuosa.
Su prematuro fallecimiento en el año 2000 truncó una carrera meteórica. Sin embargo, su legado sigue intacto en las aulas barcelonesas como el gran referente de que la arquitectura contemporánea puede ser una disciplina artística indomable, experimental y profundamente humana.

Los herederos de la Escuela: Joan Pascual, Pere Joan Ravetllat, Carme Ribas, Alfred Arribas y Tonet Sunyer
La transición hacia el cambio de siglo estuvo protagonizada por una constelación de creadores que supieron recoger el testigo del urbanismo olímpico y la libertad formal de los años ochenta, ramificando el estilo de la escuela en múltiples direcciones sensibles.

- Alfred Arribas: Introdujo una vibración marcadamente cosmopolita, nocturna y ligada al diseño de vanguardia. Sus interiores de locales icónicos durante los años del boom cultural de Barcelona demostraron que la escuela poseía también una vertiente lúdica, conectada directamente con las tendencias del diseño industrial europeo y los nuevos lenguajes de la comunicación visual.
- Tonet Sunyer: Destacó por una depuración minimalista extrema en la arquitectura residencial unifamiliar y colectiva. Su manejo de las transparencias, el vidrio y las geometrías flotantes inyectó una elegancia abstracta que dialogaba con las corrientes más sofisticadas del norte de Europa sin perder el carácter mediterráneo.
- Joan Pascual: Se ha consolidado como uno de los grandes maestros de la vivienda colectiva en Barcelona. Sus proyectos exploran de manera incansable la flexibilidad espacial de la manzana residencial y la honestidad de la fachada texturizada.
- Pere Joan Ravetllat y Carme Ribas: Desde su estudio conjunto y sus respectivas cátedras en la ETSAB, han firmado algunas de las intervenciones de sutura urbana y patrimonial más delicadas de la ciudad, como la transformación del Mercado de Sant Antoni, donde la arqueología, el urbanismo de barrio y el diseño estructural se funden en una sola pieza tectónica.
Carles Ferrater y la internacionalización de la arquitectura barcelonesa
El salto definitivo de la Escuela de Barcelona hacia una estructura globalizada, capaz de competir y construir proyectos de gran escala en cualquier parte del mundo bajo un sello de autor reconocible, está íntimamente ligado a Carles Ferrater y su plataforma OAB (Office of Architecture in Barcelona).

Ferrater, catedrático de Proyectos de la ETSAB, revolucionó la práctica profesional al plantear un estudio flexible e intergeneracional. Su obra es un compendio de geometría compleja, ligereza y relación obsesiva con el paisaje. Desde las icónicas tres manzanas de viviendas en la Villa Olímpica hasta el Jardín Botánico de Barcelona, Ferrater ha demostrado una capacidad asombrosa para resolver la transición entre las infraestructuras a gran escala y la escala humana.
Con proyectos tan relevantes como el Palacio de Congresos de Barcelona o su proyecto para el Paseo Marítimo de Benidorm, con sus sinuosas líneas de colores que imitan el movimiento de las olas y los acantilados, es un referente mundial de cómo el diseño de suelo y el espacio público pueden reactivar económicamente y estéticamente un frente marítimo saturado. Con Ferrater, la mentalidad de la ETSAB demostró que sus conceptos urbanos eran perfectamente exportables a contextos internacionales complejos.
Enric Batlle y Joan Roig: paisaje, sostenibilidad y ciudad
Mucho antes de que el concepto de «transición ecológica» o «infraestructura verde» se convirtiera en un mantra global, el estudio fundado por los profesores de la ETSAB Enric Batlle y Joan Roig ya estaba redefiniendo los límites entre la arquitectura, el paisaje y el urbanismo.
Batlle i Roig han sido los grandes pioneros de la introducción del ecologismo científico en el diseño del espacio público en Cataluña. Su intervención en la recuperación medioambiental del vertedero de la Vall d’en Joan en el Garraf es un hito de la arquitectura del paisaje a nivel mundial: la transformación de un antiguo basurero metropolitano en un paisaje agrícola integrado y vivo.
Su concepto de «ciudad paisajística» defiende que los parques, las riberas de los ríos y los cinturones verdes no son meros adornos ornamentales en la urbe, sino los verdaderos pulmones y sistemas circulatorios que deben estructurar el crecimiento de la Barcelona del siglo XXI, aunando técnica constructiva con biodiversidad y resiliencia climática.
La nueva generación de arquitectos formados en Barcelona: Identidad, crisis y materialidad
El desplome del modelo inmobiliario tradicional a partir de 2008 obligó a las nuevas generaciones egresadas de la ETSAB a repensar por completo los fundamentos de la disciplina. Esta crisis profunda dio paso a una hornada de estudios jóvenes con proyección internacional que han dejado de lado la monumentalidad para centrarse en la sostenibilidad pasiva, la arquitectura de kilómetro cero, la rehabilitación patrimonial y la justicia social.
Estudios de prestigio internacional como H Arquitectes, Harquitectes, o figuras como las formadas en las cooperativas de vivienda (como el icónico edificio La Borda en Sants), representan la evolución contemporánea de la escuela. Su obra destaca por el uso de materiales industriales desnudos (bloques de termoarcilla, madera contralaminada, hormigón sin tratar), la ausencia de acabados superfluos y el diseño bio-climático basado en patios interiores, fachadas ventiladas y ventilaciones cruzadas.
Esta nueva hornada demuestra que el espíritu fundacional del Grupo R y el realismo de Bohigas siguen vivos: la arquitectura se valida a través de su utilidad social y su honestidad material frente a los retos del calentamiento global.
¿Por qué la Escuela de Arquitectura de Barcelona sigue siendo una referencia mundial?
A lo largo de más de dos siglos de historia, la Escuela de Arquitectura de Barcelona ha mantenido su estatus de referencia internacional porque nunca se ha limitado a ser una mera transmisora de conocimientos técnicos. Su fuerza radica en haber operado de forma ininterrumpida como un laboratorio intelectual donde los profesores ponían a prueba sus teorías directamente sobre el pavimento de su propia ciudad.
El «Modelo Barcelona» no se diseñó en despachos aislados, sino en los acalorados debates de las aulas de la ETSAB, donde la morfología urbana, la defensa de la calle tradicional, la primacía del espacio público democrático y el respeto por el oficio de la construcción formaban un cuerpo doctrinal cohesionado.
El legado de la Escuela de Barcelona en la arquitectura del siglo XXI
El legado de la Escuela de Arquitectos de Barcelona de cara al siglo XXI no se traduce en un recetario estético o formal de formas repetitivas, sino en una actitud ética ante la ciudad y el territorio.
Desde Antoni Gaudí y Elies Rogent en el siglo XIX, pasando por el rigor mediterráneo de Coderch y el compromiso político de Oriol Bohigas, hasta la sensibilidad paisajística de Batlle i Roig y la radicalidad material de los estudios contemporáneos, la escuela ha demostrado una capacidad camaleónica para reinventarse ante cada crisis histórica.
Su impronta perdura en cada rincón de una Barcelona abierta al mar, recordándonos que la gran arquitectura es aquella que es capaz de transformar el espacio físico en un escenario de convivencia colectiva, dignidad social y belleza imperecedera.
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